Las piedras están mojadas
están frías, duras y mojadas.
¿Acaso están tristes?
Yo creo que sí.
A menos de que encuentren una extraña satisfacción en llorar para que transeúntes, que las consideran alfombras satinadas, siempre tan desconsiderados, resbalen con sus lágrimas y sientan el dolor de sentirse oprimido, pisado, aplastado.
Piedras no lloren,
porque si no, yo lloraré también...